lunes, 24 de diciembre de 2012

Nueva vida, nuevo blog.

Está claro que los efectos secundarios de una separación son muchos, y que parte de ellos los imagináis o incluso los habéis vivido. Pero para dramones están los telediarios así que os voy a contar esos efectos que pasa una en soledad y que en momentos de crisis son realmente importantes. A mí me habían hablado de esas mujeres que al separarse cambian por completo el look. Se cortan el pelo y se lo tiñen de azul o empiezan a vestir como si fueran adolescentes. Tengo que decir que una vez pasadas las dos primeras semanas en las que el shock que tienes impide pensar en cualquier otra cosa que no sea ELLL y su transformación en un ser desconocido (para pronunciar ELLL, péguese la lengua al paladar y alarguen mucho la pronunciación de la L, estilo Sarita Montiel), yo empecé a plantearme pasar por una tienda de tatuajes y grabarme para siempre algo que me recordará el dolor que ELLL, me había provocado,(¡Qué ilusa, màs quisiera que sufrir amnesia selectiva!)

Gracias al cielo, no sé si son genes, educación, o suerte que tuvo una cuando Dios repartió cerebros, decidí pensármelo durante unos meses y a cambio redecorar mi casa y el blog. Sin duda cambiar la pintura del pasillo es menos costoso y doloroso que arrancarse la piel para quitar un tatuaje producto de un momento de ofuscación. Este ha sido uno de los primeros efectos secundarios. Mi pasillo está ahora de dos colores, el salón naranja y mi pelo y mi piel se mantienen intactos. El blog no podía ser menos. Vida nueva, año nuevo, blog precioso.
En mi primer fin de semana sola, aparte de redecorar mi casa y jartarme de gimnasio no he tenido mucho más que hacer (espera tú que me eche una chupipandi y verás). El sábado por la tarde me dije a mi misma, ¡Pero hija, haz algo para que se note que es sábado! Así que me abrí una cerveza, ya ves tú, y yo soy más de vino (del bueno) , pero mira que ahora no me apetece (otro efecto secundario) y para acompañar y que no se subiera mucho a la cabeza, que a ver a quien le voy a decir yo bobadas si me achispo un poco, decidí acompañarlo de unos pepinillos. Y aquí es donde se acabó la fiesta. ¿Quien me abre a mí ahora el tarro de pepinillos? ¿Eh? Mira que le di golpecitos en el culete, golpetones contra la encimera, le metí un cuchillo para ahuecar la tapa... ¡Ja! Hacen los tarros de pepinillos a prueba de mujeres separadas, así que me quedé sin acompañamiento, que mira que me fastidió en el momento este tema. Y después whatsappeando con una amiga que vive en el portal de al lado me decía: ¡Pues hija, te pasas por mi casa y que te lo habrá J.! Pero es que cuando me da el antojo de los pepinillos ya estoy con el pijama y la bata, y que si me encuentro en el ascensor con algún vecino de esta guisa y los pepinillos en la mano no sé lo que puede llegar a pensar. Menos mal que a los fabricantes de cervezas se les ocurrió la anilla ésa abre fácil, seguro que era mujer y separada, que son más listas que el hambre. Hay que ver lo que enseñan los disgustos.
Otra cosa que he notado yo en ésta mi soledad es el frío momento de ir a la cama. Que sí, que en verano lo voy a agradecer de lo lindo, pero ahora en invierno uno se mete en la cama y estirar las piernas notando en los pies el frío de las sábanas es un poquito tortura. Esto lo solucionan unos buenos calcetines de lana, así que todas las mujeres que estén aguantando maridos por no tener fríos los pies en ese momento, que pasen por H&M a por un pack de tres pares extra gordos. Mano de santo. Y de momento cuento esto, pero me temo que los efectos van a ser muchos y muy variopintos, así que tendré que hacer varias entregas y seguir riéndome de este drama, que lo es , os lo aseguro. Saludos desde las nubes y Felices Fiestas.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Punto de inflexión.

Dicen que la vida a veces golpea fuerte, que Dios aprieta pero no ahoga, que una patada en el culo te impulsa hacia adelante y que solamente en la adversidad sacas tu verdadera fortaleza. Dicen que después de pasar un momento difícil en tu vida serás mejor persona y más fuerte, que madurarás como ser humano, que para crecer emocionalmente todos deberíamos perder algo que amamos y sentir el dolor que eso provoca, que cuánto más triste sea tu historia más fuerte debe ser tu sonrisa, que cada experiencia te hace más sabio... Dicen muchas cosas. Cosas fáciles de decir. Incluso fáciles de creer. Cuando por fin llega esa patada y ves que realmente ser fuerte es la única opción que queda, y cuando sonreír te cuesta tanto que te duele la cara, entonces te partes la caja recordando eso que decían de Dios porque el sufrimiento que sientes dentro de ti es tan grande que realmente asfixia. Llegas a creer que no podrás soportarlo, que puedes incluso morir en el intento de sobrevivir. Lloras como los niños pequeños, a gritos, y te tapas la boca porque has perdido ya la costumbre y te avergüenzas de ti mismo. Sin embargo ese llanto es el único alivio que sientes y quisieras gritar y llorar mas fuerte aún pero no te llega el aire. Es difícil de entender. No eres capaz de dimensionar el dolor que sientes, no sabes cuánto tiempo tendrá que pasar para sentir consuelo,y sólo eso,consuelo. Te preguntas cómo pudieron soportarlo los que antes que tú vivieron eso, incluso los que vivieron cosas mucho peores, cómo aguantaron, cómo siguieron con sus vidas. Y ahí están. Quiero que pase el tiempo. Tengo prisa. Quiero volver a reír a carcajadas de verdad y que cuando estas acaben empiecen otras. Quiero ser la misma de antes, o al menos lo más parecida, o incluso mejor todavía. Quiero aprender de esto y pensar que tenía que suceder de esta manera y no de otra. Que lo que ha ocurrido es lo mejor que podía pasar y que son verdad todas esas cosas que dicen, que cada decepción te hace más hábil, cada golpe más fuerte,cada fracaso es un cambio de camino y una opción nueva y mejor, que si te cierran una puerta se va a abrir otra y que sólo tú tienes la llave y la opción de girar el picaporte. Quiero volver a escuchar música, sentirla sin que eso me provoque dolor, que me baile el corazón y no tener la sensación de que me he quedado sorda para siempre. Quiero entender lo incomprensible, saber porqué el amor se acaba de repente sin previo aviso, pillándote desprevenido y con la guardia baja, quiero sobre todo que esto sirva para algo y que algún día pueda leer esto sintiendo sólo que la cicatriz de la herida está ahí pero ya no duele.

lunes, 7 de mayo de 2012

La carrera más rosa.

Hoy hace un año que abrí este blog. La verdad es que no pensaba escribir simplemente porque fuera su cumple pero la ocasión la pintaban calva. Si en la primera vez que me decidí a contar algo sobre mi, hablé de los objetivos y concretamente del que yo me había puesto respecto a correr, resulta que por caprichos de este 2012 voy a rematar hablando de lo mismo. Ayer se celebraba la carrera de la mujer, esa que han bautizado como la marea rosa. Aunque me había apuntado hacía bastante no tenía nada claro que fuera a ir. Encontré mil pretextos para faltar a la cita. Que si era el día de la madre y me perdía el despertar con mis peques, que si llevaba toda la semana lloviendo, que si tengo el tobillo fastidiado, que si habían cambiado el recorrido y el nuevo no me hacía tilín...en fin, no sé si eran buenas excusas pero tenía unas cuantas. El viernes por la noche mi compi de carrera me mandó un video dedicado a los corredores. Seguro que no lo hizo con la intención de convencerme pero lo consiguió. Por la mañana me puse a preparar la música, fundamental para llegar hasta el final motivado, y la verdad es que me entraron tantas ganas que habría empezado a correr en ese momento. El sábado a ultima hora empezó a llover en Madrid con tantas ganas que parecía que fuera a estar así un mes entero pero curiosamente el domingo al amanecer salió el sol, y si el día anterior hacía bastante frío, esa mañana la temperatura era ideal. Levantarse a las siete un domingo no es el mejor plan pero a medida que te vas poniendo la ropa de deporte, y cuando te ves en el espejo con el dorsal, te corren por el cuerpo una mezcla de nervios y ese gusanillo del corredor, de que sabes que vas a disfrutar y a gozarla. Pues bien. Corrí, terminé la carrera en menos tiempo que el año pasado aún siendo ésta más larga, pero disfrutar, disfrutar, lo que se dice disfrutar...va a ser que no . Sufrí lo que no está escrito. Este año habían cambiado el recorrido, no era el de Retiro como en años anteriores así que no tenía ni idea de como era. Lo que sí había leído en una página era que era más llano. ¡Y una m...! Empezamos abriendo boca con una cuesta considerable, corta pero intensa, para ir animándote. Calles que he recorrido andando y que nunca me había dado cuenta de que tuvieran pendiente, pues resulta que corriendo son un infierno. La eterna calle Mayor, la calle Sevilla, la calle del Carmen...es increíble como cambia la percepción de ellas cuando vas tranquilamente de compras, a cuando vas corriendo pensando en la meta. Y menos mal que no vi ni un sólo cartel del kilometraje porque si no me muero. El primero que ví marcaba ya seis Km, y la alegría de saber que sólo quedaba uno doscientos para la meta se vio eclipsada por el comienzo de otra nueva cuesta, la calle Ferranz. Eterna. Si no es porque aquí había mucha gente animando creo que me paro. Y de repente, cuando empiezo a ver a lo lejos los arcos de la meta, cuando creo que ya no tengo un ápice de fuerza, me ponen una guindilla en el culo y empiezo a dar unas zancadas que parece que voy a batir algún tiempo. Misterios. Así que sólo puedo contaros que sufrí mucho, que no pude disfrutar del recorrido turístico, supongo que estaba menos preparada que el año pasado, no sé, y que a pesar de todo, y de las mil excusas que volveré a tener el año que viene allí estaré. Por que esta carrera es especial, se respira un ambiente genial, de apoyo, de solidaridad, de buen rollo entre mujeres ( este año había más hombres infiltrados. Me parece muy bien), y ves a algunas con un pañuelo en la cabeza, cubriendo la ausencia de cabello, arropadas en el grupo de amigas, vecinas, primas, hermanas...y sientes las ganas de estar ahí también. Y por eso es especial esta carrera. Yo a pesar de mi sufrimiento, del dolor que tengo hoy en las rodillas, en los gemelos, en las caderas y en el tobillo, tuve de nuevo esa sensación fantástica que tengo siempre cuando corro, que supongo que es la que me hace volver a hacerlo, la sensación de que cuando lo hago, me gano a mi misma.

miércoles, 11 de abril de 2012

El sueño de una noche de ve..ventolín.

Llevo desde Octubre sin dormir de un tirón, que se dice pronto pero hay que ver lo que pesa eso. Y muchos os preguntareis como he sobrevivido a semejante tortura. Fácil. LLevo 8 años de duro entrenamiento, concretamente desde el momento en que decidí probar eso de la maternidad ( a ver quien es el listo que me dice que no he leído el "Duérmete niño", que ya me gustaría ver a ese Estivill en mi casa). Así que si alguien está en estado de buena esperanza y quiere entrenarse un poquito puede llevarse a mis hijas una semana. Luego todo le parecerá Jauja .
Este año concretamente le ha tocado a la pequeña. La pobre, por aquello de variar un poco, decidió coger un catarro de vías bajas. Ella es más de altas, oídos y las velas en la nariz. Este año probó la otra variante, tos perruna con estado acusado durante la noche.
Hoy a las dos de la madrugada comenzó la serenata. Me levanté a ponerle el famoso ventolín, que se ha convertido en el nuevo mandamiento de mi casa, " no saldrás nunca de casa sin ventolín, no sea que le de a tu hija un ataque de tos a la puerta del cole y vomite el desayuno". Entonces llega la profesora y te dice que te la lleves a casa que hay peligro de contagio, y a ver qué haces toda la mañana con la criatura. El otro mandamiento es ese que nos enseñaban de pequeños " No saldrás nunca de casa con las bragas sucias, no sea que te atropelle un coche y llegues al hospital con cuatro costillas rotas, fractura de cráneo y palominos en las braguitas, ni hablar". Me disperso.

El caso es que no se le pasó la tos con la droga esa que le enchufamos y me levanté de nuevo a darle agua. Nada. Media hora después me veis en la cocina cortando cebolla, que dicen que calma las vías respiratorias, descalza y llorando a lágrima viva. Con este panorama es imposible después conciliar el sueño, que te metes en la cama con los pies congelados, los ojos como que tienes conjuntivitis y la mente tan activa que se pone por su cuenta a escribir un post. Concretamente este. Que digo yo que tanto genio de la literatura atiborrándose a drogas y alcohol y bastaba con no dormir. La de dinero que habrían ahorrado.

¿Y qué hace una madre en estas circunstancias por la mañana al levantarse? Pues a parte de poner el piloto automático porque no es persona, lleva a su criatura al médico por sexagésima vez este año, que me da hasta vergüenza. Y allí está ella, la doctora, a la que explico otra vez la misma canción, pero ahora le cuento que necesito dormir, casi se lo suplico, que mi hija necesita dormir, que los vecinos necesitan dormir, que se la va a llevar a su casa si no me da un remedio ya. Y entonces me doy cuenta de que he estado haciendo el tonto todos estos años de mi vida. Y veo la luz, ¿Pero cómo no estudie medicina? Creo que habría sacado una matricula de honor del tamaño de una catedral porque sólo tienes que saber dos cosas:
A. Es un virus.
B. Es que no llueve.

Conclusiones de este post, que luego digo que no os enseño nada pero hay que ver que dos lecciones magistrales obtenéis de esta lectura. Para ahorraros tiempo y tinta de rotulador fosforescente, os resumo:
Punto uno : Si estáis a tiempo, usad siempre preservativo. SIEMPRE.
Punto dos : Vosotros también podéis ser médicos. Y desde ya. Yo voy a poner un consultorio telefónico.


Pues nada, a seguir con tos y sin dormir. Y con unas ojeras que ya no arregla ni Dior.

jueves, 5 de abril de 2012

La casa sin barrer.

Si estuviera una tarde de domingo en casa con las camas sin hacer, la cocina sin recoger, tumbada en el sofá con las hojas del periódico rodeándome por todas partes, en pijama, despeinada, y de repente llamaran al timbre, y me llevara la grata sorpresa de que es..., pues qué sé yo, alguien conocido pero de no mucha confianza, un, dos, tres responda otra vez: el profesor de mi hija, la vecina de en frente, un hombre estilo Lobezno(Hugh Jackman) vendiendo enciclopedias...Podría seguir hasta casi el infinito pero sería un rollazo de post. Nos quedamos con esos ejemplos. Bueno, el caso es que me moriría de vergüenza. En realidad pasaría vergüenza hasta con mi madre, que encima me daría una colleja y me llevaría al psicólogo por miedo a que tuviera una depresión o algo así ( y no por estar la casa en semejante estado sino por encontrarme sin arreglar, que ordenada no, pero presumida un rato) .
O esa otra situación idílica en la que tu jefe te pide por favor que le acerques a casa porque se le ha rato el coche, y por supuesto que no te niegas, faltaría más, aunque viva en la otra punta. Pero al llegar al coche ves los restos de una bolsa de gusanitos desparramados por el asiento, el chupachups chupadito y bien pegado en la alfombrilla, la mitad del bocadillo de nocilla del día anterior, porque en un coche donde viajan niños todo son restos, y mitades, y cosas mordidas, y entonces antes de que entre tu jefe le das un manotazo a todo a ver si hay suerte y no lo ve, pero el bocadillo va a parar a sus zapatos impecables. Y sonríes, porque la vergüenza es tal que poco se puede hacer ya.

Bueno, pues con estos modelos tan gráficos creo que se puede entender muy bien lo que he sentido cuando después de un mes entro en mi blog, que se dice pronto, que no entro ni en el mío propio, y me encuentro con que no sólo las visitas han crecido, sino que encima tengo tres maravillosos seguidores más. Así que antes de nada, gracias por entrar a ver un blog que se actualiza con la misma frecuencia con la que nos visita el cometa Halley, gracias a los que os quedáis, que aquí no se invita a café, ni a cenar, ni a nada comestible, sólo a pasar un rato que espero sea lo más ameno posible, gracias a los que comentáis, que sois como la coca cola y le dais a esto la chispa de la vida y gracias a los que estáis esperando que escriba las chorradas que escribo, que yo sé que esos que esperan, es porque me quieren, pero a veces me pregunto ¿No tendrán otra cosa mejor que hacer? ¿De verdad?
Pues a todos deciros que anima mucho eso de ver que al otro lado de la pantalla hay personas que con sus vidas, sus trabajos, sus familias, sus problemas y sus relojes apretados, sacan un cachito en su día para dedicar a personas que no conocen de nada, y dan parte de su más valioso tesoro, el tiempo, a leer cuatro líneas que no son ni de historia, ni de política, ni de cine..., ni de nada, vamos , que no aportan grandes conocimientos, y aún así, por ese misterioso encanto de la raza humana, ahí están.
Me despido ya hasta dentro de 75 años. Bueno, intentaré venir antes, pero no prometo nada.

lunes, 5 de marzo de 2012

Madrid y yo. Final, creo.

Cuando llegué a Madrid, a pesar de ser la última ciudad en la que me habría gustado vivir,
vine más feliz que una perdiz. No venía directamente de Dondesiemprevuelvo, había vivido dos años en otra ciudad que estaba demasiado lejos de la familia y venir a Madrid me daba la posibilidad de ver a los míos cuando quería y no cuando podía. A pesar de eso, la alegría de venir no me quitó el miedo, sólo lo hacía más llevadero. Madrid seguía siendo ¡LA CAPITAL! llena de calles desconocidas, muchas muchas calles, atracadores en cada esquina, personas que me mirarían por la calle al notar que era más paleta que ellos, en fin, cosas...
Los primeros diez días transcurrieron en un hotel al lado de la estación de Chamartín, y esto fue lo primero con lo que flipé, de verdad, ahora me da la risa pero cuando yo vi en esa estación veintinosecuantos andenes, una estación que parecía un centro comercial, llena de tiendas, con juguetería, farmacia, una tienda de armas...¿Que carajo hace una tienda de armas en una estación de tren?, bueno, literalmente aluciné. La estación de tren de Dondesiemprevuelvo tiene dos andenes, uno para los que viven en la acera de la derecha y otro para los de la acera de la izquierda, es broma claro, tenemos más de dos aceras, que me van a declarar persona no grata, pero lo de los andenes es verdad, es difícil coger el tren equivocado. En Chamartín ratifiqué la idea de lo listos que eran los madrileños ¿Como es posible llegar al destino?, primero sacar el billete, que yo estaba acostumbrada a dos ventanillas, y una siempre estaba desayunando, y aquí resulta que hay que sacar turno, como en las carnicerías de postín, porque hay como 10 ventanillas, que si salida inmediata, que si compra por internet, que si sales mañana pero recoges hoy, que si recoge tu tía pero lo encargaste tú, en fin, que sólo sacar el billete parece un mundo.
La primera salida a la ciudad, a la calle, el bis a bis con el asfalto, fue sólo un tanteo, por ver qué pasaba. Resulta que la gente tiene tendencia siempre a contar lo negativo de las cosas y una persona que conocía y que había vivido en Madrid, en vez de contarme sus maravillas me dijo que a ella le habían atracado tres veces, así, para animar.
Pues ahí que iba yo, asomando la cabeza antes de doblar cada esquina por lo que pudiera pasar, y ¿ Qué fue lo primero que vi a las diez de la mañana un lunes nada más salir del hotel?
Una reproducción en vivo y en directo de Diario de un Skin. ¡Y yo sólo los había visto en la TV! que aquí te das cuenta de lo útil que es la TV, que si no lo mismo me da por preguntarles por la parada de metro, pero la caja tonta enseña cosas útiles que te sirven para la vida.
Bueno, cuando ya vi que la gente de a pie era normal, no robaba, ni atracaba, ni me miraban de forma extraña, me aventuré a coger el metro. Cuidadín, ¿Yo sola iba a entrar en ese laberinto diabólico y oscuro para ir a salir en las Barranquillas? ¡Vamos, ni por asomo! así que llamé a una amiga, una que sabía que no se reiría de mi, al menos no en mi cara, una de las buenas, A., y le dije, ¡Porfi, porfi, vamos a hacer una ruta turística por el metro madrileño, anda, que tengo miedo a perderme! Y la pobrecita, que seguro que se echó unas risas luego en casa con su churri, me acompañó pacientemente y me explicó como si de un museo se tratara "aquí a nuestra derecha la linea 5, fijate en los detalles, anden uno y anden dos, busca tu destino, y elige el anden"
¡Anda! ¿pero era así de fácil? Hay que ver estos madrileños lo listos que son y lo que te simplifican la vida. Y conociendo el metro se te abre un nuevo mundo, el subterráneo, que te da un sin fin de posibilidades.
Lo siguiente en la capital es calcular un poquito el tiempo. En Dondesiemprevuelvo quedas a las 12 y si sales a menos cuarto te da tiempo a hacer marcha rápida, volver a casa, ducharte y salir de nuevo para estar a la hora. En Madrid si quedas a las 12 y sales a menos cuarto es mejor que hayas quedado en el portal de tu casa porque sino no llegas ni de coña. Cuando ya había encontrado un pisito apañado y estaba con los líos del alta de gas, luz y esas cositas, quedé con el Sr. del gas en casa. Yo había salido por la mañana a hacer gestiones varias y cuando me di cuenta faltaba media hora para que ese Sr. llegara a mi casa. Imposible llegar a tiempo si no era en taxi. Otra aventura. Lo de levantar la mano y llamar un taxi era otra cosa que sólo había visto en la TV. y además yo creía que el taxi paraba porque lo mandaba el director. Como yo no era Meg Ryan ni Sandra Bullock ni se me pasó por la cabeza levantar el brazo.
En Dondesiemprevuelvo siempre me he preguntado quien montará en taxi. En una ciudad donde la distancia máxima entre dos puntos opuestos se recorre en 20 minutos este servicio queda destinado a emergencias de la tercera edad. Incluso aunque lo uses, no creo que nadie alce la mano para coger uno. Primero lo tendrían que encontrar circulando, asunto difícil, y segundo, la distancia entre donde estés tú y la parada de taxis más cercana puede ser de cinco minutos. Merece la pena caminar. Igual hago un día la prueba pero yo creo que si allí levanto la mano para hacer parar un taxi pensarían que estoy saludando. Al grano que me disperso.
Como yo nunca había tenido la necesidad de montar en taxi y esta era la primera vez y como no me atrevía a levantar la mano cual actriz hollywoodense, me dispuse a a buscar una parada. Aquí las estrellas de la osa menor se alinearon con la luna y Jupiter y en dos minutos tenía delante una. Resultó tener como 20 taxis en fila. Jolines, que indecisión, pues mira ya que me monto, me cojo el coche más molón que haya, y ni corta ni perezosa me monté en un Mercedes que estaba como en mitad de la fila.
Los taxistas estaban fuera, haciendo corrillo para pasar el rato y riéndose de la pardilla que terminaba de montar en el vehículo.
Yo en el asiento trasero tan feliz esperando que monte el conductor cuando se acerca un taxista y me dice: " Srta. que se tiene usted que montar en el primero de la fila".
Menudo corte que pasé. Claro, si es que en Madrid todo tiene su lógica, ¿que necesidad tiene el taxista de estar haciendo maniobras para sacar el coche cuando el primero no tiene obstáculos delante? ¡Pero que listos son, lo que voy a aprender aquí!

En estas aventuras me acompañaba Mimari, que también llevaba lo suyo el pobre, y aunque más espabilado que yo también cometió alguna paletada .
Resulta que un día tenía reunión en un edificio de la plaza de Colón. Para los que no conocéis Madrid, esta plaza es el cruce del Paseo de la Castellana con Goya y Genova. La Castellana tiene tres carriles de ida y otros tres de vuelta, y luego dos vías laterales con dos carriles cada una. En total diez carriles de circulación de coches que hay que atravesar para ir de una acera a la de en frente.
Mimari llega a la plaza por la parte de Goya y tiene que cruzar la Castellana para ir a la calle de en frente, Genova. ¿Pero entonces que pasa?¿Qué se les ha olvidado a estos tan listos de la capital? Nada menos que poner semáforos para los peatones.
Y Mimari, que no es de Bilbao pero lo parece, decide echar una carrerilla y cruzarse de lado a lado una carretera como dos autovías Madrid-Coruña. Si los de Madrid lo hacen, ¿Voy a ser menos yo?
Sí. Sobrevivió y lo contó al llegar a su destino, ¡Joerrrrrrrr, que aquí no ponéis semáforos o qué, que se tiene que jugar uno la vida!
Y los demás, imagino que partiéndose la caja, le dijeron que en Madrid son muy listos, y ponen unos túneles estupendos para peatones que cruzan por debajo de la Castellana de una acera a otra.
Y bueno, seguro que tengo muchas paletadas más pero estas son las que más recuérdo. Y otra cosa que también recuerdo de mis primeros días en la capital es que la gente me pareció muy amable, siempre dispuesta a ayudarte en lo que pudiera, o es que yo daba mucha pena , que también puede ser. De cualquier manera, Madrid es una ciudad acostumbrada a recibir gente, y eso se nota, y ahora que ya llevo años viviendo aquí, ya sé que son tan listos como en todas partes, tan guapos y elegantes como en el resto de las ciudades y que Madrid al final, es un puntito más en el mapa, donde hay de todo, como en botica.

viernes, 2 de marzo de 2012

Madrid y yo. Primera Parte.

Cuando eres de una ciudad pequeña como la mía y tienes 9 años, Madrid te parece como cinco veces Nueva YorK.
Cuando yo tenía esa edad, en Dondesiemprevuelvo no había piscina climatizada, bañarse en invierno en algún lugar que no fuera la bañera era para mi ciencia ficción. No había pizzerías, conocí ese menú viendo la película de ET. Vivíamos sin centros comerciales( no sé cómo pudimos sobrevivir) y solamente conocía los supermercados de barrio de ir a comprar y no a pasar la tarde. Ahora todo ha cambiado, mi ciudad ha crecido y ya tenemos un par de centros comerciales donde pasar el rato cuando llueve y llegó telepizza y la piscina climatizada aunque seguimos teniendo sólo dos cines, dos líneas de autobús, la A y la B y el encanto de las ciudades pequeñas, que seguro que es diferente según la persona que lo viva. En mi caso son la tranquilidad, y un reloj con el doble de horas que los que uso en Madrid.
De pequeña Madrid me parecía..., no sé lo que me parecía, ¡La leche! Primero conoces Madrid a través del monopoli, resulta que esas calles tan carísimas , Serrano, Goya, Castellana... son de Madrid, y tener un hotel o una casa en una de esas calles te garantiza la partida. Después empece a venir a menudo a Madrid, de visitas medicas por mi hermano el pupas.
Yo venía y la gente me parecía guapísima, elegante, la ciudad enorme, las casas preciosas, los coches eran súper coches y creía que las personas que iban por la calle eran tan listas que podían adivinar que yo era una paletilla que venía del pueblo. Paco Martinez Soria hizo mella en mi. Me marcó. Yo no me traía las gallinas debajo del brazo pero mi cara de alucine total me delataba y creía que todos me lo notaban. A mi la gente que vivía en Madrid me parecía que iba 10 años por delante, pensaba que si nosotros teníamos TV en color, ellos ya debían tener a los presentadores en el salón.
Con los años, y viviendo en una ciudad pequeña, la percepción de Madrid va cambiando.
Empiezas a pensar que los que viven en Madrid son unos chuletas, porque claro, tan guapos, elegantes y listos sólo puede dar lugar a una cosa, los chulapos y chulapas, ¡Y encima, hasta se dedican una fiesta!
A esto sumas que Madrid y Barcelona son las únicas ciudades que salen en el telediario y que en el telediario no cuentan nada bueno, y empiezas a tener un concepto diferente de la capital. Ahora asusta un poco. Es grande, muy grande, y tienes clasificada a la gente en dos grandes grupos, los guapos, listos y elegantes que recuerdas haber visto por la calle cuando eras pequeño y los malos que roban y te atracan que ves ahora por la televisión. Conclusión: ¡Mamá, yo no me iré a vivir a Madrid en la vida, antes muerta!
Y cuando uno dice algo como eso resulta que no se muere, pero se tiene que acordar toda la vida de haber dicho semejante tontería porque en Madrid que termina, entre chulapos y atracadores, suerte que de lo segundo aún no me he encontrado nada, sigo viéndolos sólo en el telediario.
Con ese concepto y viniendo de una ciudad pequeña, llegar a Madrid es como aterrizar en la jungla. Reconozco que Paco sigue en mi retina (Martinez Soria), angustiándome con muchas de sus aventuras en Madrid, pero la de la plaza Mayor llena de gente y Paquito llamando a Chencho, esa me marcó, y por supuesto que en mis primeros día en la capital yo tenía mucho de Paco, pero tambien de Chencho, perdida todo el día.
Y como este post se me alarga mucho, continuaré con lo que iba a contar en el siguiente, porque lo que yo venía a contar, que eran mis aventuras de paleta en Madrid, al final, no lo he contado. Tenía que poneros en antecedentes.